Viento


 El viento, el jodido viento, un sonido que no hace más que recordarme mi infancia. No puedo evitar pensar en mi, tumbado y tapado hasta la nariz con aquella gruesa y vieja manta que cubría mi cama. Recuerdo que tapado me sentía seguro, como si nada ni nadie pudiera hacerme daño, como si me encontrara dentro de una especie de cámara impenetrable que ni siquiera un titán podría penetrar, era mi refugio, tan solo mio. Con los ojos abiertos en la oscuridad escuchaba atentamente los sonidos provenientes del exterior: los ladridos de aquel perro malcriado que no paraba de ladrar al viento sin darse cuenta de que su esfuerzo era en vano, el tintineante sonido que provocaban aquellos estúpidos platos con grabados religiosos que mi madre se empeñaba en colgar en la fachada de la casa, a pesar de ser estúpidos y horribles, el sonido de las hojas de los árboles y las ramas de las palmeras chocando contra el muro o consigo mismas de forma violenta y por último, "ese ruido". Aquel ruido era único desde luego y lo recuerdo con muchisima claridad en mi mente, era como si una convención de espectros se hubiera reunido en el exterior y hubieran comenzado a gemir todos a la vez pidiendo cleméncia, una clemencia que tan solo llegaba cuando el viento decidia dejar de espolearlos durante unos pocos segundos antes de volver a la carga. Nunca olvidaré el sonido del viento pasando por el hueco de la chimenea.

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